La ayuda de emergencia busca la satisfacción de las necesidades básicas que se han revelado como urgentes a causa de situaciones más imprevistas que estructurales (aunque la vulnerabilidad con respecto a los desastres naturales o a las condiciones de brote de un conflicto son realidades estructurales). La ayuda de emergencia no es, por tanto, el tipo de cooperación en el que mejor puede indicir el trabajo que puede hacerse desde los ayuntamientos. Es, sobre todo, un trabajo para entidades y para ONG que tienen experiencia en este campo, además de una capacidad importante de respuesta rápida.
Los ayuntamientos no podemos ser insensibles a la demanda social de actuación ante las catástrofes como son las guerras y los desastres naturales. Estas situaciones requieren actuaciones de ayuda de emergencia.
Para financiar estas actuaciones, se ha creado un fondo de ayuda de emergencia que tiene asignado el 10% del total del presupuesto de cooperación internacional.
Sin embargo, lo más importante es denunciar las causas estructurales que originan las catástrofes o que amplifican su alcance. Los países empobrecidos afrontan, pues, situaciones de riesgo donde se combinan fenómenos naturales inevitables con riesgos y situaciones de vulnerabilidad creados para modelos y por políticas de desarrollo determinadas, que sí se pueden cambiar. Así pues, los efectos de un desastre natural son directamente proporcionales a la sociedad que los sufre. De esta manera, cuanta más pobreza, más vulnerabilidad, cuanta más vulnerabilidad más riesgos, y cuanto más riesgos más catastróficos son los efectos.