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Idea de Cooperación

La cooperación para el desarrollo constituye el eje central del trabajo solidario que hace el Ayuntamiento de Viladecans, se traduce en la identificación conjunta de necesidades, financiación, gestión, seguimiento y evaluación de los proyectos de cooperación en los países del Sur. Se tiene que partir de la base de que no todos los proyectos de cooperación tienen un mismo impacto sobre el bienestar de las sociedades del Sur y que hay que seleccionar entre diferentes propuestas y definirse una línea de actuación. Hay que superar las limitaciones de la ayuda estatal, orientada a los grandes proyectos y condicionada por intereses comerciales, y marcarse el objetivo central de satisfacer las necesidades básicas de la población.

Tal como las definen los organismos internacionales, estas necesidades son alimentación, agua potable, sanidad, educación y vivienda.

Los ayuntamientos y los fondos de cooperación pueden tender a especializarse en la cooperación municipalista, es decir, en el apoyo a entidades locales de los países del Sur. Vista la mayor proximidad de los poderes públicos locales a la ciudadanía, es más factible que los recursos que se gestionan a través de los poderes locales redunden a favor del bienestar de la población que si estos recursos se gestionan desde los gobiernos centrales. El reforzamiento de estas instituciones supone, además, una buena opción para profundizar en la democracia y en la participación ciudadana.

Los proyectos de cooperación que se financien y se gestionen tienen que responder a una idea de cooperación no creadora de dependencia, sensible a las demandas de los colectivos vulnerables y responsable desde el punto de vista ambiental.

A fin de que la cooperación para el desarrollo responda al objetivo de no crear dependencia, los proyectos que se financien y gestionen tienen que marcarse el objetivo de crear formas de producción, infraestructuras o servicios que puedan mantenerse de manera autónomo una vez finalizado el periodo de financiación. Es decir, proyectos que creen las bases de un futuro en que las comunidades receptoras de ayuda satisfagan sus necesidades sin recurrir a la ayuda procedente del Norte.

Junto con la no creación de dependencia, la necesidad de participación de los beneficiarios es la otra gran cuestión que tienen que atender los proyectos. La intervención de las comunidades del Sur en el momento de definir sus propias necesidades es básica si se pretende espolear un proceso de desarrollo que no caiga en saco agujereado por un excesivo assistencialisme. Además, la participación implica corresponsabilidad: en todo proyecto hace falta que haya una implicación de la población que puede traducirse en aportaciones materiales, conocimiento o en mano de obra y en el compromiso de respeto a unas condiciones referentes a sostenibilidad, formación, situación de la mujer, etc.

El trabajo con los colectivos especialmente vulnerables, desfavorecidos u oprimidos tiene que ser otro eje básico de toda política de cooperación. La mejora de las condiciones de la mujer y el apoyo a su autonomía y a su participación social es siempre una buena opción a favor de la infancia, y el futuro bienestar del conjunto de la comunidad. La infancia es, obviamente, un colectivo vulnerable, con que hay que trabajar con el objetivo de su formación y su futura integración laboral y social. La defensa de las minorías étnicas y de los pueblos indígenas es, finalmente, una apuesta por la diversidad cultural y por los derechos de todos los pueblos.