Procesión por las calles de Viladecans ante la muerte del rey Carnestoltes. Con el entierro de la sardina se pone fin al desenfreno y diversión de estos días de Carnaval.
A pesar de la sátira en la actualidad política, la tristeza acompaña a los presentes porque con el final del Carnaval comienza el tiempo de la abstinencia y la penitencia propias de la Cuaresma. Menos mal que, una vez quemado el rey Carnestoltes, las sardinas a la brasa ayudan a pasar la pena.



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