
Hacer frente al abandono escolar prematuro (AEP) implica situar a los jóvenes en el corazón de cualquier estrategia. ¿Cómo viven de primera mano esa realidad? ¿Cuáles son sus necesidades? Escucharlos e involucrarlos es imprescindible para mejorar la eficacia de nuestras intervenciones.