
Con el objetivo de disponer de más sombra y a causa de la subida de las temperaturas que comporta el cambio climático se realizan podas más suaves y relacionadas con el recorte de ramas próximas a edificios, mobiliario urbano o que estorban el tráfico de personas y vehículos. En concreto, durante estos días se están llevando a cabo actuaciones de poda y tala en el barri Antic, Sales y Torre-roja, en total en un año se podan unos 9.500 árboles del total de 24.600 que viven en la ciudad. También se está realizando el corte de hierbas en calles, parques y parterres en la Torre-roja, Campreciós, Sant Jordi Gabrieslistes, barri de Sales, Alba-rosa, Can Guardiola, Torrent Ballester y Poblat Roca.
El sistema de poda que reciben los árboles de la ciudad es la llamada poda racional, que consiste en abandonar las prácticas tradicionales de poda que buscan simplemente un valor estético, con formas de árboles artificiales o grandes brotaciones en la primavera, y sustituirla por una que tiene en cuenta, antes de cortar, el que realmente se quiere obtener del árbol. Se valoran toda una serie de parámetros antes de decidir el tipo de poda: de qué especie de árbol se trata, qué estado presenta, como compartimenta las heridas, como responderá a nivel de posibles enfermedades y plagas, el vigor o decaimiento que se provoca, qué volumen explorable de copa dispone, qué floración se provoca o por el contrario, se pretende evitar... entre otros factores.
En la mayoría de los casos, si el árbol está bien elegido, la poda racional respeta la forma natural del árbol. Lo deja desarrollar plenamente y aumenta el volumen de copa. Se elimina en este caso solo las ramas secas, las más próximas en los edificios, las entrecruzadas, las que presentan enfermedades, los "xuplons", los rebrotes de tronco y de raíz y las ramas que pueden molestar el paso de personas o vehículos. Es el que denominamos esporga de mantenimiento. Muchas veces este tipo de poda pasa desapercibido por la ciudadanía si no está presente en el momento de hacerse, puesto que respeta la fisonomía que tenía el árbol antes de la poda.
Esta gestión comporta una serie de beneficios tanto por el árbol como por la fauna y especialmente por la ciudadanía. El árbol sufre menos estrés y está más sano, mejorando su capacidad de responder a plagas e infecciones. También se reduce la probabilidad que aparezcan podredumbres porque no se cortan ramas de medida grande a menos que sea necesario. Al dejar que los árboles crezcan más, las copas acaban tocándose y esto crea corredores biológicos y, cuando los árboles son de más edad, cavidades porque se puedan refugiar los pájaros.
Sin embargo, los más beneficiados somos los ciudadanos, puesto que los árboles nos aportan una serie de beneficios (denominados ecosistémicos). Captan CO₂ y desprenden oxígeno. También, al hacer sombra, rebajan la temperatura del lugar donde están y protegen de los rayos UV del Sol, llegando a reducir hasta un 50% la exposición a estos rayos. Pero el más importante es que está demostrado como los árboles grandes en una calle, actúan como una formidable cortina que filtra los gases y partículas contaminantes que el viento hace entrar por las ventanas de las casas. Si miramos con lupa las hojas de muchos árboles, veremos como un minúsculo bosque de pelos pequeños que retienen estas partículas de contaminación. Cuando llueve se lavan por la lluvia y desaparecen del aire que respiramos en Viladecans.
Hay muchos estudios que relacionan la presencia de árboles cerca de ventanas y balcones con una disminución de la probabilidad de sufrir enfermedades respiratorias y cáncer, así como mejoras en el estado inmunitario, estado de ánimo y disminución de los suicidios.


