
El espacio público del barrio del Alba-rosa de Viladecans ha empezado a vivir este verano, con la reforma de la calle Lilàs y del pasaje Tamariu, un cambio importante. Las obras, que durarán hasta finales de año, suponen la primera actuación de un plan de renovación integral de calles que, consensuado con el vecindario, prevé facilitar la movilidad de los peatones y la conectividad con el resto de la ciudad.
El barrio ha arrastrado las carencias de haber nacido como una urbanización residencial en el regazo de la montaña en los años cincuenta del siglo pasado: principalmente unas aceras estrechas, con una accesibilidad deficiente y la presencia de palos para la red aérea de los servicios de electricidad y teléfono, que dificultan la movilidad. Además de dar solución a estas reivindicaciones históricas por parte del vecindario, la reforma aborda otras necesidades, como un buen desagüe de las aguas pluviales.
Un cambio profundo del espacio público
Así, a los 216 metros de calle que se reforman desde este verano se dobla el tamaño de la acera del lado de la montaña –con la eliminación de una hilera de estacionamiento de vehículos–, incorporando un parterre verde con una docena de árboles y césped que lo dota de una nueva imagen y fomentará la biodiversidad urbana.
Además de la renovación de aceras y del soterramiento de los servicios aéreos –que incluye la instalación de acometidas de acceso de los servicios a la fachada de cada vivienda–, se instala un nuevo alumbrado público de bajo consumo, con lámparas LED.
Así mismo, se mejora el alcantarillado y la recogida de aguas pluviales con un sistema de drenaje sostenible que contribuirá a reducir los problemas de desagüe en el barrio cuando llueve fuerte. Las obras, adjudicadas a la empresa Catalana de Inversión y Construcción Tres, cuestan 531.294 euros.
Consenso para una inversión ambiciosa
El Ayuntamiento consensuó en 2017 con los representantes del vecindario y de las entidades de la zona –en un proceso que contó con ocho reuniones de trabajo– la estrategia a seguir para la inversión de los 4 millones de euros previstos para la mejora del barrio, el de menor densidad de población de la ciudad –cerca de un 90% por debajo de la media–, el que supone una apuesta ambiciosa en relación al coste por habitante. En lugar de hacer pequeñas mejoras por todas partes en un plazo menor de tiempo, se apostó por abordar reformas más profundas calle a calle, que obligaran a las compañías de servicios a tener que soterrar las líneas aéreas. Si Lilàs y Tamariu han dado el pistoletazo de salida, ya está previsto que el 2021 sea la calle de la Ginesta el siguiente paso de la renovación, que se alargará durante unos años.
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