Esta semana se han iniciado los trabajos de trasplante de más de 270 árboles, algunos de ellos centenarios, que se ubicaban en zonas que se urbanizarán, en el que será su lugar definitivo dentro del nuevo barrio. La medida, que tiene como objetivo respetar y proteger el patrimonio natural de la zona, afecta a algarrobos, olivos y robles.
Para el proceso de trasplantado, después del marcaje de los árboles, se ha realizado una poda de reducción para pararlos al máximo y poder arrancarlos. Actualmente se están trasplantando en su espacio definitivo, utilizando la tierra de la zona, que, aunque es bastante fértil, también se ha mejorado añadiendo otros sustratos. El trasplantado, también prevé el regado automático de todos los árboles. Ahora hay que esperar que pase el tiempo para que arraiguen como les correspondería.
Además, la protección del patrimonio natural de la zona también supondrá la creación de un espacio propio para los renacuajos, una especie de sapo protegido que se detectó el pasado verano en los terrenos donde se construirá el nuevo barrio. Porque esta especie de anfibio pueda seguir habitando en Llevant, un equipo de especialistas está adecuando unas pequeñas balsas y su entorno. Una vez estén finalizadas las tareas, los renacuajos serán trasladados en su nuevo hábitat.
El verde dominará el barrio
En Llevant habrá más superficie dedicada a espacios verdes que a viviendas y equipamientos juntos. De hecho, el 35% del suelo del nuevo barrio serán zonas verdes y espacios libres, mientras que el 25% se destina a calles, el 18% a equipamientos, el 15% a viviendas, el 6% a sistemas y servicios y el 1% a espacios comerciales. La edificación residencial se concentra en la zona próxima a la avenida de la Generalitat (C-245) y en el barrio de la Torre-roja, donde ahora hay básicamente espacios en desuso de actividades económicas abandonadas y terrenos descampados privados. Así, con la creación del nuevo barrio, el 84% del suelo pasará a ser público.
Este predominio del verde en el barrio se materializará sobre todo en la ampliación del parque de la Torre-roja, crecerá hacia el regazo de la montaña de Sant Ramon y acontecerá un espacio entre el casco urbano y la montaña, generando vías verdes de conexión de uso ciudadano. El parque triplicará su superficie –de 11,5 a 34,2 hectáreas– y se convertirá, así, en el parque urbano más grande de toda el área metropolitana en un único municipio.
La cura e integración del patrimonio natural será una de las enseñas del barrio. Así se hará con las rieras y torrenteras, manteniendo en parte su función hidráulica, y reforzando la paisajística y biogeográfica, como se hizo con la riera de San Clemente. Además de los trasplantados, el nuevo barrio dispondrá de cerca de 1.500 nuevos árboles.


