
El año 1993, Jean-Claude Romand mató su mujer, sus hijos, sus padres, su perro e intentó suicidarse, sin conseguirlo. Durante los días siguientes, se supo que no era médico, como todo el mundo creía, ni tampoco investigador a la Organización Mundial de la Salud y que todo lo que se sabía sobre su vida era mentira. No era médico ni algo por el estilo: se pasaba los días en su coche, en las áreas de servicio de las autopistas. Y cuando comprendió que estaba a punto de ser descubierto, antes prefirió matar a los suyos que enfrentarse con sus miradas.
El escritor francés Emmanuel Carrère leyó los primeros artículos sobre el caso en el diario Liberation y, enseguida, decidió escribir un libro, su primero de no-ficción. En esta ocasión, la truculenta realidad se plasma sobre el escenario, con Pere Arquillué y Carles Martínez.
