
Viladecans Jove acoge en el Centro de Can Xic la exposición permanente 'Veus de resistència: la lucha vecinal en Viladecans (1970-1980)'. Liderada por el fotógrafo Jaume Muns, la muestra recoge como partir de los años setenta, la ciudad se convirtió en un núcleo de resistencia antifranquista impulsado por una clase obrera en auge y las deficiencias urbanísticas generadas por el rápido crecimiento del municipio. Presentada por las tenientes de alcaldesa Encarni García e Irene Reus, la inauguración fue para ambas una oportunidad de aproximar a los jóvenes viladecanenses que hay detrás de los derechos sociales que hoy disfrutan, pero que no siempre existieron.
"Con el crecimiento que están teniendo los discursos de odio y el fascismo, es importante que centros como Can Xic se dirijan a los jóvenes para que puedan conocer de donde venimos y que pueden hacer ellos y ellas para luchar una sociedad mejor", expresaba García en el acto.
"Es un placer para el Servicio de Juventud acoger estas fotografías donde hace 50 años, se luchaban por unos derechos que hoy algunos creen que no costaron mucho conseguirlos. Ver y recordar la lucha ciudadana de entonces en este equipamiento tiene mucho sentido porque así, los jóvenes de hoy en día pueden ver como los derechos nunca se tienen que dar por sentado", comentaba Reus en la Sala Terrat.

Las bases de una Viladecans moderna y participativa
El archivo fotográfico destaca el papel de las fábricas, a menudo el escenario principal para huelgas y mobilizaciones que exigían mejoras laborales y libertad sindical, como es el caso de Roca-Radiadores. Ante la presencia del Sindicato Vertical y la organización silenciosa de Comisiones Obreras hasta su ilegalización en el año 1967, la crisis económica de 1973 extendió la lucha para abrirse a una destacada participación de las mujeres trabajadoras y el movimiento vecinal mediante asociaciones clandestinas, con acciones colectivas como asambleas, manifestaciones o cortes de carretera.
Las movilizaciones se extenderían después de la muerte de Franco en 1975, al reclamar la legalización de sindicatos y partidos, peticiones de amnistía o la recuperación del autogobierno catalán, lo que se materializaría en huelgas generales, represión policial y resistencia social que asentarían las bases de una Viladecans moderna y participativa.


