
Viladecans tiene tres grandes torres, y ¡todas de color rojo!
En la plaza de la Vila encontramos dos: Can Modolell y la Torre del Baró. La tercera hay que buscarla al otro lado de la riera de San Climent, y se conoce como la Torre-roja.
Can Modolell hoy es la sede del Ayuntamiento pero antes, había sido una masía. En el siglo XVI, se fortificó con una gran torre central desde la cual se podían defender de los piratas y corsarios que asolaban estas tierras.
Ya en época contemporánea, su propietaria, Magdalena Modolell y su marido, la rehicieron a la manera que ahora podemos ver.
Unos feroces animales la defienden: dragones y gárgolas. El más fuerte de todos, hecho de hierro, lanza su mirada hacia la otra torre, la del Baró. ¿Lo ves?

Epicentro del casco antiguo
El edificio actual, de aspecto medievalizante, se encuentra en el centro del casco antiguo y se levantó sobre construcciones anteriores. Las primeras noticias son del año 1434, cuando en el mismo lugar existía una caseta con un pequeño huerto detrás. Quedaba delante de la capilla de San Juan (hoy desaparecida) al lado de la Torre del Baró. El pueblo no era mucho más grande.
*Imagen de la calle Major, que desemboca en la Torre Modolell, durante los años 20. AMVA Arxiu Municipal.

Torre de vigía y masía
El edificio actual, de aspecto medievalizante, se encuentra en el centro del núcleo antiguo y se levanta sobre construcciones anteriores. Las primeras noticias son del año 1434, cuando en el mismo lugar existía una casita con un pequeño huerto detrás. Se situaba justo delante de la capilla de Sant Joan (hoy desaparecida) y al lado de la Torre del Baró. El pueblo no era mucho más grande.
En el año 1581, Viladecans ya había crecido un poco más hacia poniente y al sur de la Torre del Baró. Entonces se construye una torre de vigilancia y alerta, como las que hay repartidas por la costa catalana. Estas torres servían para defender a la gente contra las razias de piratas y corsarios que venían por mar.
En el año 1785, la casa que ya contaba con otras edificaciones rurales, pasó a manos de la familia Modolell.
**Jaume Nogués i Taulet, año 1892.

Entre el historicismo neogótico y el modernismo
De todas formas, la gran reforma fue en 1893 cuando, por encargo de Magdalena Modolell, el arquitecto Josep Azemar realizó unas importantes reformas que le confirieron un carácter señorial en un estilo a caballo entre el historicismo neogótico y el modernismo, que empezaba a popularizarse en Catalunya por aquellos años.

Un jardín acomodado
De este momento es, también, el jardín romántico que se hizo detrás del edificio, y que disponía de un lago, grutas de rocalla y una frondosa y exótica vegetación que se construyó detrás del edificio substituyendo el huerto anterior. Si lo visita, aún se pueden encontrar muchos de los elementos originales.
*AMVA Arxiu Municipal

La familia Modolell
La señora Modolell y su marido, Jaume Nogués i Taulet murieron sin descendencia por lo cual, finalmente, en el siglo XX, el edificio pasó a propiedad municipal.
Los Modolell formaban parte de una clase social burguesa que mantenía ideas muy conservadoras, siguiendo la línea de la iglesia dentro de la sociedad del momento, enfrentada al republicanismo y defensora de la Restauración. Es por ello, que de su herencia también nos han llegado dos escuelas religiosas, una para chicos y otra para chicas, que aún siguen en funcionamiento. Una de ellas, la de los hermanos Gabrielistas, está descrita en el punto de la carretera de la Vila.
*AMVA Arxiu Municipal

Un reloj guardián de los recuerdos
El reloj que marca las horas de la ciudad, se halla colocado en un torreón de ladrillo visto añadido en la década de 1940, utilizando materiales procedentes de la antigua iglesia parroquial que fue destruida durante la guerra de 1936.