Policía Local, las Agentes Cívicas y los equipos de limpieza y mantenimiento municipales han puesto en marcha, desde principios de año, un nuevo proyecto para limpiar y restaurar los muros con pintadas vandálicas. La iniciativa, impulsada en origen por la Policía Local, funciona a través de un circuito pionero en diferentes fases, cada una de las cuales recae sobre un departamento municipal o, en el caso de las últimas, un colectivo artístico o educativo de la ciudad.
El circuito se inicia con la detección de grafitis ilegales en el espacio público, una tarea que realizan las Agentes Cívicas durante su ronda habitual. A través de la aplicación Viladecans&Tu, las agentes informan de la ubicación de la pintada para que queden registradas en Policía Local, previo paso a que los equipos de limpieza, con pocos días de diferencia, se encarguen de borrarla. Paralelamente, Policía Local empieza el proceso para peritar la pintada e intentar localizar el autor. De este modo, además de un mapa municipal de pintadas vandálicas, se elabora una radiografía tanto de cuántos grafiteros hay en la ciudad, como de cuáles son los más activos y activas.
El proyecto, sin embargo, no multa directamente, sino que aplica la filosofía de la nueva ordenanza de convivencia y civismo, en vigor desde el mes de febrero y fundamentada al dejar las medidas sancionadoras como último recurso. Así, una vez detectado al autor de la pintada vandálica en cuestión, se inician procesos de mediación que lo impliquen en beneficio de la comunidad.
Talento local para recuperar el espacio
La fase final del circuito es la recuperación del muro vandalizado a través de murales artísticos, con la participación de artistas de grafiti y, especialmente, del alumnado del bachillerato artístico de la ciudad. La participación se puede hacer a través de la iniciativa 'Muros Libres', que ofrece espacios autorizados para que los artistas urbanos puedan expresarse libremente a través del graffiti, siempre que respeten unas normas establecidas y consensuadas.
Este acuerdo implica que los participantes pueden pintar sin temor a sanciones económicas, promoviendo así una práctica artística responsable y reconocida.


