
Empieza la poda de invierno, temporada propicia para hacer las podas más importantes al arbolado. Se gestiona a través de una poda racional. El objetivo es que, si el lugar lo permite, la poda forme y mantenga con seguridad los árboles para que logren un desarrollo pleno y natural. De este modo, aumentan significativamente los efectos beneficiosos que los árboles que en buena medida tienen sobre la salud de las personas.
En total durante todo un año se podan aproximadamente unos 9.500 árboles de los más de 19.000 con que cuenta la ciudad.
En estos días de poda, pedimos a los vecinos su colaboración, no aparcando sus vehículos en las calles donde estén colgados los carteles que informen de los trabajos de poda. En los carteles aparece el día y las horas para no aparcar.
La Unidad de Parques y Jardines ha empezado en los últimos días la campaña de poda de árboles y palmeras del otoño-invierno. Esta es la temporada del año en que se aprovecha que los árboles hacen una parada vegetativa, a causa de la bajada de las temperaturas y la disminución de las horas de luz. Tenemos que tener en cuenta que cualquier corte es una agresión que puede reducir el vigor y las defiendas naturales del árbol. En verano se realizan podas más suaves y relacionadas con el recorte de ramas próximas a edificios, mobiliario urbano o que estorban el tráfico de personas y vehículos.
En total en un año se poden unos 9.500 árboles del total de 19.000 que viven en la ciudad.
Viladecans está inmerso en un cambio de paradigma de gestión de las zonas verdes urbanas, en el cual, se está apostando por la naturalización de los espacios verdes de la ciudad. Una de las acciones que se llevan a cabo para acercarnos al concepto de naturalización es la poda racional del arbolado de la ciudad. Esta línea de trabajo, que el Ayuntamiento lleva desarrollando desde hace años, consiste en abandonar las prácticas tradicionales de poda que buscan simplemente un valor estético, con formas de árboles artificiales o grandes brotades en la primavera, y sustituirla por una poda racional, que tiene en cuenta antes de cortar lo que realmente se quiere obtener del árbol. Se valoran toda una serie de parámetros antes de decidir el tipo de poda: de qué especie de árbol se trata, qué estado presenta, como compartimenta las heridas, como responderá al nivel de posibles enfermedades y plagas, el vigor o decaimiento que se provoca, qué volumen explorable de copa dispone, qué floración se provoca o por el contrario, se pretende evitar... entre otros factores.
En la mayoría de los casos, si el árbol está bien elegido, la poda racional respeta la forma natural del árbol. Lo deja desarrollarse plenamente y aumenta el volumen de copa. Se elimina en este caso solo las ramas secas, las más próximas en los edificios, las entrecruzadas, las que presentan dolencias, los chupones, los rebrotes de tronco y de raíz y las ramas que pueden molestar el paso de personas o vehículos. Es el que denominamos esporga de mantenimiento. Muchas veces este tipo de poda pasa desapercibido por la ciudadanía si no está presente en el momento de hacerse, puesto que respeta la fisonomía que tenía el árbol antes de la poda.
También llevamos a cabo podas de formación, para que, los árboles de nueva plantación crezcan con la forma que queramos. Podas para favorecer la floración, otras que evitan los frutos molestos y podas de seguridad en aquellos árboles que se han diagnosticado como peligrosos, ya sea por el propio personal del servicio o con la ayuda de expertos externos. Estas podas acostumbran a ser mucho más visibles, puesto que modifican la forma del árbol de manera evidente.
Todos los cortes tienen que ser limpios, en el lugar correcto y, preferiblemente, con tijera.
Esta gestión comporta una serie de beneficios tanto para el árbol como para la fauna y, especialmente, para la ciudadanía. El árbol sufre menos estrés y está más sano, mejorando su capacidad de responder a plagas e infecciones. También se reduce la probabilidad que aparezcan podredumbres porque no se cortan ramas de medida grande a menos que sea necesario. Al dejar que los árboles crezcan más, las copas se acaban tocándo y esto crea corredores biológicos y, cuando los árboles son de más edad, crean cavidades para que se puedan refugiar los pájaros.
No obstante, los más beneficiados somos los ciudadanos, puesto que los árboles nos aportan una serie de beneficios (denominados ecosistémicos). Captan CO₂ y desprenden oxígeno. También, al hacer sombra, protegen de los rayos UV del Sol, llegando a reducir hasta un 50% la exposición a estos rayos. Pero el más importante es que está demostrado como los árboles grandes en una calle, actúan como una formidable cortina que filtra los gases y partículas contaminantes que el viento hace entrar por las ventanas de las casas. Si miramos con lupa las hojas de muchos árboles, veremos como un minúsculo bosque de pelos pequeños que retienen estas partículas de contaminación. Cuando llueve se lavan por la lluvia y desaparecen del aire que respiramos en Viladecans.
Hay muchos estudios que relacionan la presencia de árboles cerca de ventanas y balcones con una disminución de la probabilidad de sufrir dolencias respiratorias y cáncer, así como mejoras en el estado inmunitari, estado de ánimo y disminución de los suicidios.
Por otro lado, las copas de los árboles ayudan a amortiguar las temperaturas extremas gracias a su sombra. Si están colocados estratégicamente pueden disminuir la temperatura del aire entre 2 y 8 °C en una calle. Esto es especialmente importante en el contexto climático en que vivimos puesto que, a medida que pasan los años, aumentan las temperaturas extremas y las noches tórridas que sufrimos.
Los árboles provocan un ahorro energético a los hogares, porque, actúan como una pantalla que evita que el viento toque la fachada con tanta fuerza, provocando un efecto de aislante térmico. En invierno pueden reducir los requerimientos de calefacción entre un 10% y un 15%. En cambio en verano, al reducir la insolación y las temperaturas, llegan a provocar ahorros entre un 20% y un 50% del consumo de aire acondicionado. También ayudan a reducir la contaminación acústica hasta un 20%, y si está combinado con más vegetación en la base del árbol, hasta un 50%.
Es por estas razones que se eligen especies caducas por el arbolado viario. Así, dejan entrar el sol a invierno y hacen el entorno más confortable, a pesar del relativo perjuicio que puede representar la caída de hojas en otoño.
Todos estos beneficios, pero, no se producen con cualquier árbol. Están directamente relacionados con la superficie de hojas que este presenta y por tanto directamente relacionados con la medida del individuo.

Se ha estudiado que empiezan a ser sustanciales a partir de árboles de 12m de altura.
No obstante, esto no es siempre posible. En diferentes casos nos vemos obligados a podar más intensamente:
- En calles o aceras de poca anchura, como por ejemplo en la Calle Dr. Reig, Salvador Baroné, C. Norte, algunas Mèlies ubicadas en cruces del Eixample o algunos olmos de Avda. Prat de la Riba.
- Árboles en que se ha detectado algún tipo de riesgo como son parte de los olmos y chopos viejos que tienen tendencia a romper rama (Calle Ferran y Clua, tramos de Avda. Milenario, Avda. Can Batllori y Avda. Prat de la Riba, al barrio del Hospital o al de Can Palmer.
- Las moreras que hacen frutos y que pueden manchar pavimentos.


